La Nevera Zombie: Pasta

  Como diría cualquier político con afán de poner podre a Perez Reverte : bienvenidos a vuestra sección zombies y zombi@s de la cocina. Desde la nevera zombie vamos a ayudaros a apostatar del tupper de mamá y de las sobras de la comida dominical y abrazar con devoción cazuela, sarténcucharón.


Desde este púlpito "internetero" os hablaré del Sancta Sanctorum y esencia de la particular dieta mediterránea de los ateos de la cocina: la pasta.
Si cierras los ojos tratando de rememorar diferentes tipos de pasta y tras tres segundos de meditación te has reconocido incapaz de ir más allá de los espaguetis y los macarrones, has sentido la llamada de la fe, se te ha revelado el camino, La Nevera Zombie es tu sección.

Empezaré mi sermón anunciando la llegada de muchas más variedades de nuestra idolatrada pasta: bucatini, conchiglie, farfalle, fusilli, gnocchi, linguine, maniche, penne, rigatoni, reginette, tagliati, ferruccine...un montón de santos más que añadir a vuestro imaginario.

Estudiantes, solteros y demás gentes de buen vivir, sé que adoráis a Dioses paganos, y dado que a vuestros templos no ha entrado la fruta jamás y en vuestra sacristía sólo abunda el vermut del malo, el vino de tetrabrik y el whisky de garrafón, he de reconocer a vuestros dioses, al menos, el mérito de haber obrado el milagro y libraros del escorbuto.
Hermanos, no aspiro a convertiros en creyentes, pero sí, por lo menos, a obligaros a fruncir el entrecejo mirando al cielo con gesto de duda.

La receta del pecado original de esas dietas ricas en carbohidratos que tan conocidas os son no tiene truco:
   1- Cocemos nuestros espaguetis/macarrones durante 15 minutos en abundante agua con sal.
   2- Escurrimos, agregamos un "chorretón" de tomate y prueba superada.
   3- Si la Divina Providencia nos ha iluminado y tenemos la despensa llena, añadimos al festín un par de salchichas pasadas por la sartén o una lata de bonito (si eres gordo, vigoréxico, o un cabrón de esos que no engordan, puedes echar las dos cosas).
En términos generales, llegado este punto, vuesto iphone apagará el aviso que con letras rojas parpadeantes rezaba "muerte por desnutricion".

Ahora bien, si decides ir un paso más allá, si, como apóstata, decides abandonar el camino recto y lanzarte a la lujuria no hace falta mucho más para preparar una cena apta para raptar princesas (o principes, que yo en los gustos no me meto).
Ingredientes a añadir a la pasta: un huevo y la yema de otro, 1/2 cebolla, 80 gr de queso, 150 gr de panceta, 25 gr de mantequilla, una pizca de orégano y otra de sal.

Te recomiendo no utilizar espaguetis, pues el sorbeteo y la pesca descontrolada del fideo tienen menos glamour que Paquirrín abriendo el vals de Viena, ya que estamos cambia la otra opción que tienes en mente (macarrones) por unos rigatoni (están al lado de los macarrones en el super y cuestan 20 céntimos más). Estírate.
Desenfunda la sartén, la cazuela y el cucharón del que hablamos más arriba, y mientras escoges mentalmente sensuales canciones de Caetano Veloso, te ayudaré a preparar una receta de Rigatoni Carbonara de las que hacen temblar el Misterio.
1- Pica la cebolla muy fina y dórala en aceite de oliva. En cuanto coja color retira la cebolla y reservala.
2- En la misma sartén, que tampoco hay que matarse a fregar, dora la panceta,  después vuelve a añadir la cebolla pochada y cocina todo junto un par de minutos.
3- En un bol grande bate el huevo y la yema, añade el queso rayado, una pizca de orégano y otra de sal.
4- Cuece los rigatoni en abundante agua salada, y en cuanto pasen 15 minutos de cocción, escúrrelos y agregalos, junto con la panceta y la cebolla, al bol del huevo y el queso. Es necesario hacerlo rápido, pues el calor de la pasta escurrida se encargará de fundir el queso y cuajar el huevo.  
5- Remueve bien la mezcla, espolvorea con un poco de orégano, decora con unas láminas de queso curado y por obra y gracia del Espiritu Santo ya tienes tu pasta carbonara lista para pecar.
Si quieres darle un toque más canalla a tus rigatoni puedes añadir a la receta unas gotas de vermut, un toque salvaje que demuestre de donde vienes.

Haceros merecedores del postre es cosa vuestra, sólo os digo que preparar una auténtica receta italiana y jugar al despiste pasando el vino del tetrabrick a una botella de vidrio os harán más sencillo el reto. Que empiece el juego y que Dios reparta suerte.







Pase lo que pase no os olvideis del único mandamiento válido: No hagais nada que yo no haría. Cuidadito que desde aqui arriba os vigilo.





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Víctor M. Fernández. Con la tecnología de Blogger.