Cenas de Empresa


 Antes de que las campanadas entonen el requiem de fin de año, es probable que tengamos que lidiar con otra de esas experiencias vitales que permanecen aletargadas, pero al acecho, como un calamar gigante en las simas de un mar profundo.
La historia solía comenzar con una circular en el tablón de anuncios, aunque ahora los correos cooperativos sirven de vocero. Una vez el correo llega a tu buzón de entrada el kraken ya ha hecho presa. Tienes cena de empresa y si quieres que el bicho decida dejar de apretarte y retirar sus tentáculos tendrás que matar a tu abuela otro año más o pegarte un buen paseo nocturno, en calzoncillos por la terraza, buscando la congelación y consiguiente resfriado.


Si el exceso de arrojo, o la falta de confianza en las técnicas anteriormente descritas, te hacen acudir al evento, te recomiendo buscar la parte positiva, que difícilmente va a estar en el plato (en líneas generales el número de comensales y el exiguo presupuesto suelen acabar con la creatividad del chef). Céntrate en el evento en sí mismo, al fin y al cabo una cena distendida es el espacio ideal para estrechar vínculos con compañeros de trabajo y darte a conocer a aquellos con los que apenas habías coincidido. Además es una ocasión única para arrimarle un par de copas a tu jefe (si es "cofrade del puño cerrao" ni lo intentes, los miserables tienden además a ser resentidos y tu afrenta tendrá las consiguientes represalias).

Ahora que te has dado cuenta de que este tipo de saraos pueden colmar tu secreto anhelo de
acercarte a tu amor platónico, ese mar de pecas que ejerce de becaria en administración, esconde una sonrisa tímida  tras unas gafas de pasta y llevas meses imaginándote enfundada en el cuero de Catwoman, y has decidido asistir; quiero que retengas la imagen carnavalera que tienes asociada a la formula cena+fiesta y, por la buena marcha del negocio, empieces a modificar unas cuantas cosas.

Deja el smoking de Armani para otra ocasión, la vestimenta informal está permitida y algo elegante, que no llame demasiado la atención, será el complemento ideal para moverte con soltura entre los cócteles de bienvenida y las bandejas de entremeses.

La cena no tiene porqué ser un velatorio, eso a las superheroinas de mirada felina no le gusta, así que, mientras picoteas las anchoas de esa ensalada que te has visto obligado a pedir a fin salvaguardar tu aliento de la salsa de ajo que acompañaba al pulpo de la otra opción, saca a pasear ese piquito de oro que Dios te ha dado. No entres en conversaciones sobre política, religión o temas especialmente sensibles, en una cena no vas a imponer tus ideas a nadie y lo único que vas a conseguir es quedar como un pesado. Tampoco te dediques a fardar, ya sabes que se atrapa primero a un mentiroso que a un cojo.


Antes de que los lomos de atún y los carrés de cordero inunden las mesas has que tener tiempo suficiente como para que tu heroína conozca de tu existencia y te dé pie a entablar conversación. Reconduce la charla hacia donde ella se sienta más cómoda y déjala intervenir, si se siente ninguneada Catwoman se irá a tomar su ruso blanco sin vodka, hielo ni Kahlúa con el papanatas de turno.

Para cuando los restos de los sorbetes de leche merengada y brownies de chocolate compartan mantel con cafés y los chupitos, ya te habrás pegado a tu princesa con más ansia que cualquier directorzucho que se precie a su director general. Déjate llevar.

En cuanto empiece el farragoso momento de las copas, por supuesto, cuidadito con el alcohol, no sea que
hasta Tom Hanks se saque un selfie contigo.

Si la cosa se denigra tanto como para acabar en un karaoke mantén la compostura, recuerda que no cantas bien ni en la ducha (por eso se te corta el agua caliente, no es el calentador, es un castigo que el Señor te infrige a cambio de no obligar a Noe a quitarle el polvo al arca).

Por último una recomendación personal, si finalmente consigues empezar la mañana preparando tu perenne café solo junto a un tazón de leche fría, mantén el halo de misterio, no hace falta que toda la empresa se entere de tu triunfo y el lunes rieguen de pétalos de rosa tu entrada triunfal...precaución amigo conductor la senda es peligrosa y con "las cosas del comer" no se juega.

Artículo - V. Fernández.

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Víctor M. Fernández. Con la tecnología de Blogger.