Vino, respetuoso compañero.

"A veces hay que celebrar la nada, porque que no pase nada es suficiente alegria como para acompañarme a descubrir otro buen vino."
                                                                                                      Alejandro Girado.

Hace un par de noches recibí la grata sorpresa de un vino, que había sido enviado por un buen amigo. Esa sorpresa recibida representó uno de esos regalos que no uno no se espera y que simplemente son para celebrar la nada. La caja contenía una botella de uno de los vinos premium de una particular Bodega que se encuentra en Castilla de la Mancha, Verum. No la conocía, pero este regalo me generó curiosidad así que indagando un poco internet supe que sus vinos se basaban mucho en la tradición y la historia de esa región, aspecto que me llamó la atención. Mientras transcurrían las horas y mi paladar saboreaba cada sorbo de la copa, una musa ha decidido visitarme, una que llega muchas veces cuando toda la ciudad se calma, la musa de la inspiración, y gracias a esa visita, junto con la celebración de la nada de esa noche, han permitido la creación de este post. 

Podría deciros que el vino acompaña al ser humano desde que apareciera, en el año 5000 aC, allá por las tierras que ahora ocupan Georgia e Irán, pero adivino que no os importaría. Lo que os parecerá realmente importante es que, como ese amigo respetuoso al que nunca echas de menos, os acompañará a lo largo y ancho de vuestra vida, y cuando eches las vista atrás, revolviendo viejos álbumes de fotos, te darás cuenta de que al vino y también a ese amigo respetuoso nunca les echas de menos porque siempre están ahí, levantando y levantado en una copa.

Puede que ya no te acuerdes, pero tus padres, y también los míos, en su día compartieron con Gabriela Botbol su Oda beoda con recomendaciones:
"La primera borrachera deberá
festejarse durante años;
en ella se descubre que uno es
una auténtica propaladora de revelaciones."
Dejándonos, en un alarde de laxitud paterna, achisparnos de vino espumoso en las nocheviejas infantiles.
Luego, más tarde, llegaron conocidas mezclas, a base de burbujas y vino . Vasos de plástico de medio litro con los que empezamos a hacer la noche nuestra, porque como dijo George Brassens: “El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte”.

El vino, en forma de botella de espumoso, también estuvo ahí, acompañando a los espaguetis boloñesa y la pizza margarita con la que aderezaste esa velada que hizo que la noche dejara de ser tuya para ser vuestra.
“Donde no hay vino no hay amor.” -Eurípides.

Seguimos caminando y a medida que se acortaron las noches, se hicieron mas intensos los atardeceres, mas bonitas las puestas de sol y mas sabrosos al paladar y más agradables a los sentidos esos blancos refrescantes y esos tintos con cuerpo, cargados de risas, anécdotas, gente, y a poder ser amigos, porque como decía James Joyce. "¿Qué hay mejor que sentarse al final del día y beber vino con amigos, o un sustituto de amigos?”

Cuando el corazón le ganó la partida a la razón y los dos decidisteis convertiros en uno, el vino también estuvo ahí, fiel compañero, llenando de tintos, rosados y blancos el convite y de espumosos dulces, champanes y cavas, los postres y los brindis. Porque como dice el refrán: "Beber es todo medida: darle alegría al corazón y sin perder la razón, darle razón a la vida."

Y la vida sigue, y junto a ella camina el vino, evolucionando junto a nuestros gustos, envejeciendo al paso lento con el que lo hacemos nosotros, hasta que, más tarde o más temprano, al igual que Francis Bacon, encontremos por fin la verdadera felicidad: "Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer."
Todas las fotos son cortesía de Vinos premium de Bodegas Verum.

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Víctor M. Fernández. Con la tecnología de Blogger.